Para descansar “entre algodones”, piel de borrego29 10 2009 begin_of_the_skype_highlighting 29 10 2009 end_of_the_skype_highlighting
Foto de greenbaby.co.uk
Nuestros hijos descansan cada noche sobre una piel de oveja. Cada uno tiene una piel que les ha acompañado desde su nacimiento, ¿por qué? Las propiedades termorreguladoras naturales de la piel de borrego mantienen al bebé fresco en verano y cálido en invierno. Al ser suaves y cálidas al tacto, la piel de borrego es confortable para el bebé, y pueden, en algunos casos, ayudarles a relajarse y dormir con menos interrupciones. Estudios publicados en la revista médica británica The Lancet corroboran las propiedades calmantes y tranquilizantes en bebés, favoreciendo un sueño mejor, reduciendo el estrés del bebé, mejorando su desarrollo y favoreciendo el aumento de peso. Además, al captar el olor del bebé y/o de su madre, le proporciona sensación de seguridad, sobre todo en caso de tener que dormir fuera de casa. Es un regalo perfecto para embarazadas, a las que se le recomienda dormir durante el embarazo sobre ellas para que la piel vaya adoptando el olor de la madre para el recién nacido. Además, ayuda a prevenir las molestias ocasionadas por la presión sobre la piel, siendo también recomendadas para adultos y personas mayores que deben permanecer mucho tiempo sentadas o tumbadas en la misma posición, a quienes ayuda a evitar las úlceras por decúbito.
La piel de borrego permite “respirar” a la piel, lo que disminuye la sudoración de los bebés, especialmente importante en aquéllos con tendencia a la dermatits atópica, para prevenir los brotes, y es naturalmente bactericida y repelente de la suciedad. El curtido de estas pieles está hecho en Alemania con sustancias atóxicas y respetuosas con el medio ambiente. Estas pieles de cordero son de la mejor calidad y están preparadas especialmente para usarlas con bebés. Son especialmente espaciosas, tienen una longitud aproximada de 100 cm y un grosor de unos 3 cm y pueden adaptarse para ser usados en el capazo, moisés, cuna, o cochecito y como alfombra de juegos. Tienen el pelo corto que no se suelta, de modo que evita que el bebé pueda aspirarlas. Son perfectas también para practicar el colecho y amamantar encima de ellas, pues el exceso de leche “desaparece” entre la lana. Las personas a las que no le guste el contacto directo con la piel pueden utilizarlas debajo de una sábana bajera, manteniendo sus propiedades.
Nicolás dormido "entre algodones", sobre su piel de borrego y con pañal de tela con cobertor de lana
Son fáciles de mantener gracias a que pueden lavarse en lavadora (en ciclo de lana o prendas delicadas, con jabón adecuado para lana) y secarse en secadora. No es necesario lavarla frecuentemente, simplemente aireándola se higienizará por sí misma, incluso si está mojada de leche u orina. Algunas personas las lavan cada 3 ó 4 meses y otras prefieren lavarlas cada 3 ó 4 semanas.
La lana de la oveja, al ser rica en lanolina, es naturalmente impermeable. Para mantener sus propiedades impermeables ha de relanolizarse de vez en cuando, en función del uso y de los lavados que se efectúen. Para relanolizarla, se disuelve una pequeña cantidad de jabón para lana en agua muy caliente y se añade la lanolina pura (como una avellana), removiendo bien para que se emulsione. Se adiciona agua templada poco a poco, sin dejar de remover, hasta tener un volumen suficiente para cubrir la piel. Se deja enfriar el agua hasta que la notemos fresca al tacto (alrededor de 20 – 30 ºC). Se introduce la piel y se deja un mínimo de 15 minutos, cuidando que se impregne bien. Pasado el tiempo necesario, se saca del agua con lanolina y se escurre cuidadosamente, sin retorcer. Si no se desea mantener sus propiedades impermeables, se puede lavar normalmente con jabón adecuado para lana y prendas delicadas, sin ser necesario relanolinizar. Si se usa jabón con lanolina para lavar las pieles, no será necesario relanolinizar, pues se repone la lanolina en cada lavado.
Para facilitar el secado, se puede poner dentro de una o dos toallas grandes, enrollarla y retorcer la toalla. Dejar secar a la sombra, con el lado de la piel hacia fuera, preferiblemente sobre una superficie plana para que no se deforme. También se puede secar en secadora a temperatura baja.
Se recomienda cepillar de vez en cuando con un cepillo de cerdas metálicas, que se puede encontrar fácilmente en tiendas para animales o en tiendas de “Todo a cien”, para que la superficie recupere su aspecto mullido.
