CONSEJOS PARA PADRES

Qué hacer cuando se atraganta un bebé (vídeo)


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Hace unas semanas os presentábamos cómo actuar cuando se atraganta un bebé menor de un año, una situación que nadie espera vivir pero que nos puede sorprender sin saber cómo reaccionar. Hoy vamos a ver qué hacer cuando se atraganta un niño a partir del año de edad, pues la maniobra de auxilio es algo diferente para bebés y niños.
La maniobra de Heimlich para niños mayores de un año consiste en colocarse detrás de él y con el pulgar de la mano no dominante extendido buscarle el ombligo para presionar en ese punto cerrando el puño y con ambas manos, una encima de la otra.
La presión ha de ser fuerte y rápida, hacia dentro y arriba, empujando hasta que salga el cuerpo extraño que ahoga al niño.
Si el niño pierde el conocimiento hay que iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar. En el vídeo vemos una demostración de la maniobra de Heimlich para niños a partir de 1’30 minutos.
Lo primero que hemos de hacer es reconocer que se está ahogando, por el gesto universal de llevarse las manos al cuello. Si el niño ya sabe hablar, le preguntamos si se atraganta, o al menos en teoría, porque creo que cualquiera que se vea en esa situación intentará actuar de inmediato. Entonces actuamos como hemos descrito.
Vale la pena mirar cómo deberíamos hacer la maniobra de primeros auxilios si se atraganta un niño mayor de un año, porque en esos momentos críticos podemos encontrarnos solos y hay que saber actuar lo antes posible

strong>Los padres deben tomar decisiones


Otro de los temas tratados con más frecuencias es el sueño del bebé y del niño. En este caso, se muestra contrario a poner en práctica el método desarrollado por el doctor Eduard Estivill, que se basa en una serie de tiempo en los que se debe dejar al niño llorar. Al respecto, confirma su eficacia pero lamenta que los padres lo pongan en práctica. “Lo que más molesta es que se haya presentado a los padres que si no lo haces, el niño va a tener problema de sueño, cuando eso no es cierto. El niño no va a atener problema de sueño”, explica.
A su juicio, cuando se publicó este método creó dudas en aquellos padres, que hasta el momento dormían con el niño en la misma habitación. “Me preocupó hace años, cuando salió y se le dio tanta difusión que me encontraba a padres que no deseaban poner al niño en otra habitación, que estaban contentos durmiendo con su hijo en la cama, pero que al leer ese libro empezaban a preocuparse, sin darse cuenta de que al niño no le iba a pasar nada estando con ellos”, recuerda.
No obstante, afirma que su intención en ningún caso es decir cómo deben de dormir los niños, sino explicar a los padres porque los niños hacen los que hacen, dejando claro que no se trata de bebes malcriados, caprichosos, etc. “Eso son mitos, el niño tiene una conducta normal de ser humano y de muchos otros animales, están diseñados para no separarse para nada de sus cuidadores, sobre todo de su madre, y cuando se separan de su madre les entra angustia y no paran de llorar hasta que vuelve”, advierte.
Asimismo, se niega a pensar que los niños fingen y coaccionan a los padres. En su opinión, “cuando un niño te dice que quiere brazos y quiere brazos; se siente mal y se pone a llorar, no es que este fingiendo, es que quiere llorar; los adultos si que somos capaces del chantaje emocional, es decir de fingir emociones para conseguir un resultado”.
La educación en general preocupa a los padres con hijos de todas las edades, en este sentido el fundador y presidente de la Asociación catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), deja claro que “los padres deben tomar las decisiones”, por este motivo tres son multitud y los padres no deben dejarse influir por opiniones externas.
“El niño puede pedir una cosa y está en nosotros decidir si se le puede dar o no, no pasa nada, lo que no es bueno es que los padres tengan presiones no autorizadas, el niño tiene derecho a pedir lo que le conviene, los padres por su parte tiene derecho a pedir lo que les conviene a ellos, cuando entre dos personas hay un conflicto se negocia y se llega más o menos a un arreglo”, indica.
“Cada cual tiene que buscar la estrategia que les vaya mejor, entonces lo importante es que los padres se den cuenta de que son ellos los que tienen derecho a decidir lo que les va mejor. Lo triste es que meta baza un tercero que no tiene nada que ver”, concluye.







El vínculo entre padres e hijos es clave para la autoestima
del http://asociacionsina.org/

Una de las cosas más importantes que un padre puede hacer por su hijo es velar por que su autoestima sea lo mayor posible.
La autoestima se define como la percepción emocional que uno tiene de sí mismo, algo así como el amor a uno mismo y viene determinada, en gran parte, por la relación que los demás mantengan contigo (si alguien es rechazado por los demás, tendrá probablemente baja autoestima), por la percepción que los demás tengan de ti y por cómo se sienten estando contigo.
En los primeros años de vida los niños entablan las primeras relaciones con sus padres y hermanos, siendo la relación más intensa emocional y físicamente hablando la que se crea con sus padres y, sobretodo, con el referente primario, que suele ser la madre (aquella persona a la que acudes cuando realmente hay problemas).
Esa relación entre padres e hijos, ese vínculo que debe crearse debe ser fuerte y sólido para que el niño mantenga una autoestima elevada y pueda afrontar las vicisitudes de la vida con seguridad y confianza. Sobre este vínculo ha hablado Margarita Ibáñez, psicóloga del servicio de Neonatología del Hospital de Sant Joan de Déu, diciendo lo siguiente:

Los bebés vinculados a su madre se sienten protegidos, desarrollan una especie de confianza en los demás que les funciona, y eso hace que más tarde sean socialmente más competentes. Si tienen problemas piden ayuda, y la consiguen.

Un niño con un buen vínculo con un adulto sabe y siente que es importante para esa persona, mientras que el adulto, normalmente la madre, siente lo mismo con respecto a su hijo. Este sentimiento en el niño, el sentirse importante y tenido en cuenta, es la base de una buena autoestima y de la seguridad en sí mismo, con las que funcionará el resto de su vida.
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Te quiero por ser quien eres, no por lo que haces

Un vínculo estrecho hace que el niño se sienta bien consigo mismo y se sienta querido, simplemente, por existir y por ser quien es. Esta autoestima es sana y más sólida que aquella que se fundamenta, como sucede en demasiadas ocasiones, en las cosas que uno hace bien o mal.
Mucha gente cree que el único camino para hacer que un niño tenga una autoestima alta es reforzar sus conductas positivas y alabar aquello que hace bien para que se sienta bien consigo mismo. Es cierto que esto puede ayudar a un niño a mejorar la percepción que tiene de sí mismo, pero es un camino demasiado endeble, ya que en el momento que emprenda caminos más dificultosos cuyo resultado no sea el esperado, él mismo se sentirá defraudado consigo mismo y sentirá que puede empezar a perder el amor de quienes le amaban cuando hacía las cosas bien.
Por esta razón lo importante es tener un vínculo estrecho, sano y fuerte en el que el niño pueda acertar, equivocarse, portarse bien y portarse mal y no se sienta menos querido por ello. El amor no tiene que ver con lo que nos gusta o no nos gusta de nuestros hijos y por eso cuando hacen algo mal debe quedar claro que “te quiero mucho hijo mío, pero esto que has hecho no me gusta”.
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El 40% de la población no consiguió un buen vínculo en la infancia
El 60% de la población tuvo en su momento un vínculo estable que les otorga seguridad y confianza y les ayuda a establecer relaciones sociales sanas y competentes. Esto hace que quede un 40% restante (que se dice pronto) de personas que no consiguieron estar realmente vinculados con ningún adulto y que han crecido convencidos de que nadie les va a ayudar porque son menos importantes o porque no merecen esa ayuda. Ibáñez comenta lo siguiente al respecto:
No confían en que pedir ayuda les vaya a servir de algo, y no la piden, o lo hacen con gran escenificación emocional, pero sin esperar respuesta.

En las unidades de Neonatología se han puesto manos a la obra
Se le está otorgando tanta importancia al vínculo entre padres e hijos que en las unidades de neonatos prematuros se está empezando a promover e intentar facilitar la presencia prolongada de los padres.
No sólo para que los bebés pasen tiempo con sus padres y les conozcan, sino también para que los padres pasen tiempo con sus bebés y sientan la necesidad de querer criar y cuidar de sus hijos sobre todo y ante todo (vamos, que se enamoren mutuamente).
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Los brazos tienen mucho que decir
Ángela Arranz, enfermera responsable de la sala de prematuros de la Maternitat del Hospital Clínic de Barcelona comenta que muchos padres “siguen sin darle importancia al contacto con su bebé, o piensan que se va a acostumbrar a estar en brazos, ¡y que eso es malo!”.
Ya es hora de desterrar semejante aberración. Los brazos y el contacto con los bebés forman parte de las pocas armas de que disponemos para hacerles sentirse seguros, tranquilos y amados.
Cuando un niño llora, sufre. Nada mejor que mamá y papá para calmar ese sufrimiento y hacerle sentir amado e importante: “Shhh, tranquilo pequeño, mamá está aquí, ahora y siempre que me necesites”.

EL EMBARAZO, EL BEBÉ Y LA MAMÁ

 

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